CINCO SIGLOS IGUAL

Cinco siglos de resistencia

Cada 12 de octubre, me lleva a pensar en el día anterior, el 11 de octubre de 1492. El cual fue el último día de libertad para los pueblos de la Abya Yala, nombre que le dieron las comunidades indígenas al continente, mucho antes de la llegada de los españoles. Significa tierra grande. A partir del 12 de octubre de 1492, América fue sometida a un brutal y sangriento proceso de conquista, imposición, avasallamiento, aculturación, evangelización por la llegada del colonialismo europeo, autor intelectual y material del mayor genocidio en la humanidad, que se cobró la vida de más de 80 millones de nativos. Con ese proceso de exterminio en nuestra Abya Yala, se puso en marcha un proceso de dependencia que ha sabido mantenerse en la historia durante siglos y que se ha cargado con la vida de protagonistas, como Tupac Amaru, Micaela Bastidas, Bartolina Sicsa, entre otros, que se resistieron al sistema impuesto por los españoles, lleno  de muerte y explotación.
Por eso no se festeja el día, ni se celebra, porque lo que sucedió en este tierra desde aquel 12 de octubre de 1492, fue un saqueo, un genocidio, la muerte y la dominación. Hoy tenemos una oportunidad para reivindicar a quienes nos antecedieron en estas tierras, volviendo nuestra mirada a nuestros pueblos originarios para entender los vínculos entre culturas diferentes, comprender su cosmovisión del mundo, que es muy diferente a la occidental, a la que nos impusieron. Es importante reconocernos en ese proceso. Revalorizar las culturas originarias, escucharlas sobre todo, tienen mucho que enseñarnos. Desde el ámbito educativo y para abordar a los pueblos originarios, es necesario tener presente diferentes miradas. La primera, la histórica, nos permite una perspectiva sobre el pasado y sobre el presente, sobre nuestra identidad cultural colectiva, compleja y cambiante como todo lo vivo. La segunda desde el presente, reconociendo la pre-existencia en este suelo de los pueblos originarios, y entendiendo que son, están y somos los pueblos originarios, que todos tenemos ADN de los mismos. Y en tercer lugar, la mirada desde una perspectiva de los DDHH, es decir una mirada intercultural, del respeto, del reconocimiento de la otredad, corriéndonos del lugar etnocentrista europeo, de superioridad de una cultura sobre otra.

En este sentido, elpapel históricoque jugó la escuela en nuestro país, en particular la escuela primaria, fue el de ciudadanizar, civilizar a la que denominaron  “barbarie”, buscando la adaptación de los sujetos sociales de esos tiempos a los parámetros de la república, de la nación  que se pensaba y se plasmaba en ese momento. La escuela que pensó y llevó adelante  Sarmiento sólo puede ser considerada como tal porque se dirigía a los sectores populares para “educarlos”, “civilizarlos”,  dentro de la construcción de la hegemonía, borrándoles todo identidad cultural propia. La escuela nació como reproductora. Así fue pensada desde el poder. Para eliminar la otredad, para crear una única identidad nacional. La escuela ejercía  y aun ejerce violencias simbólicas sobre los pueblos originarios. Hoy es importante reflexionar, y  no cometer el error de ubicar los pueblos originarios como algo del pasado. Por el contrario existen hoy, son parte de nuestro presente. Podemos pensar, en todo caso, que las comunidades originarias de nuestro continente, sufrieron muchas transformaciones, no son las mismas que antes, se fueron modificando con el contacto con otras culturas. Desde la colonización, hasta hoy. Cambiaron sus formas de comercio, sus costumbres, sufrieron transformaciones, se mestizaron. Las culturas son procesos dinámicos, se transforman todo el tiempo, no son fijas. Ningún pueblo originario es “una foto” intacta, quieta. Están en continua transformación, y resistencia. Vale rescatar lo más valioso e importante que tiene los pueblos originarios: su cosmovisión, a veces nos quedamos en cómo vivían, su música, como vestían, etc. y no profundizamos en su mirada del mundo, sus conceptos, su forma de ver e interpretar  el mundo. Necesitamos descolonizar nuestro pensamiento, y ver que ellos piensan de otra manera el mundo, la naturaleza, a las deidades. Su idea de progreso es muy distintas a la cultura occidental, ellos hablan del buen vivir, de vivir en comunión con la naturaleza, de ser parte de ella, en esta gran pachamama. Recuperar ese mirada, y sobre todo mirarnos a nosotros mismos, como mestizos, diversos, ese es el desafío hoy por hoy. Reencontrarnos como una sociedad pluricultural, y que allí en esa diversidad radica la belleza y la riqueza, pero también la lucha y la resistencia.

Soledad Aranda

Profesora en Cs Políticas

Especializada en Derechos Humanos

Octubre 2020