ENTRE RÍOS EN FOTOS

Por Jesús María Ludi

La Provincia de Entre Ríos tiene paisajes únicos e inigualables, solo los que tienen el amor suficiente por su tierra, pueden apreciar los tesoros que le rodean. Y este es el caso de Jorge Acosta, una persona con la capacidad de fotografiar en cada uno de sus paseos, lugares salidos de un cuadro retratado.

Jorge Acosta, Autor y fotógrafo

Él es oriundo de Paraná, desde sus 14 años se ha perfeccionado en distintas disciplinas de exactas: Oficial de la Fuerza Aérea en Córdoba, Ingeniero Electromecánico de la UTN Paraná, Ingeniero Laboral de la UTN Córdoba, Profesor en Física y Química (Cap Fed.), Maestría en Gestión Educativa (CAECE), Maestría en Física Cuántica (UCA Cap. Fed.). Hoy está Jubilado de todo y se dedica con pasión a la fotografía y escribir Historias Mínimas, de las cuales ha sido testigo o protagonista secundario, que se publican en distintos medios escritos y digitales.

Jorge, nos comparte algunas de sus fotos mas unos relatos de su autoría

Tengamos una cita

Déjame soñar contigo una vez más, sorpréndeme desde el pasado, inquiétame con tu voz desde el silencio de mi sueño.

Ven hasta mí una de estas noches, tengamos una cita, como aquella de setiembre, hoy tal vez te bese, esperemos la media noche, nadie estará mirando, a esa hora todos duermen.

Seamos novios otra vez…, pero no digas que es para siempre, nada es para siempre, nada es eterno, solo el recuerdo, la pena…

Pactemos una cita, dale…, vendré desde mi presente y tú desde el recuerdo…, con aquel vestido, el de lunares rojos…, y no te pintes los labios, no hace falta, si tienes veinte años…

Espérame en la esquina de Cervantes y Buenos Aires, esa era. No te preocupes si llegas tarde, no me incomodaré si demoras. Dale…, prepárate mejor que nunca, aunque tardes…, hoy, tal vez, tendremos nuestro primer beso, será una noche memorable, tengamos una cita…

Con final feliz

Juan y Andrea tenían un matrimonio feliz y productivo, cuatros hijos en dos tandas, de tres y cinco años la primera y ocho y nueve en la segunda.

Aquellas vacaciones, los padres de Andrea los habían visitado en Paraná. Al regreso a Concordia convinieron que Andrea los llevaría en su camioneta, también viajaron los dos hijos mayores, los menores quedaron con Juan.

La fatalidad se atravesó en la ruta, ninguno se salvó. Juan viajó de urgencia, solo, a lo inevitable. Regresó cuando pudo, triste, desolado. Era el atardecer cuando pasó a una maestra haciendo dedo en la ruta, solo reparó en ella varios minutos después, sola, desabrigada, indefensa. Le provocó algo y regresó a buscarla, se bajaría en un pueblo más adelante.

¿Anda paseando…? -Preguntó Paula, la maestra, para romper el pesado silencio de Juan. Juan se desesperó en llanto, detuvo el automóvil, imposible seguir. Paula lo invitó a quedarse esa noche en casa de sus padres, seguro habría un lugar para él, así no podía seguir manejando.

Se quedó, cenó, habló, descansó. La familia de Paula y Juan se hicieron amigos. Dos años después Paula vino a estudiar a Paraná, se hospedaría en casa de Juan, él vivía con su madre y los dos hijos. Pasaron dos años, fue inevitable, se enamoraron, la boda fue rápida, en el pueblo de Paula, muy emotiva.

Paula se ha recibido hace tiempo, tienen dos hijos propios que, más dos, son cuatro; ropa, peinado, universidad…, no es la misma maestra que hacía dedo en la ruta. Y Juan…, aunque nunca pueda recuperar lo perdido, ha vuelto a ser feliz.