TODO POR HACER; DOS EXPERIENCIAS SOBRE HUERTAS MUNICIPALES

Entre Ríos es un distrito particular, donde la población no aumenta ni disminuye, pero sí migra: del campo a las capitales departamentales, desde esas cabeceras a la capital provincial. ¿Resultado? Si por un lado aumenta el hacinamiento en Paraná, que desborda sus límites sobre las urbes vecinas, por otro lado, alrededor de las pequeñas localidades, dentro de sus respectivos ejidos, quedan amplios terrenos públicos sobre las cuales no avanza la edificación. Sería deseable –y una demostración de que la pandemia nos ha enseñado algo− que la llegada de la primavera provoque un florecimiento de las huertas municipales y comunitarias agroecológicas a lo largo y a lo ancho de la provincia en esos terrenos. Se podría avanzar hacia un sistema de huertas y viveros públicos que se complementen y desarrollen en red, como primer paso hacia una transformación mayor que destierre de la provincia los agrotóxicos, los transgénicos y el latifundio. Hasta acá, en materia de huertas municipales, hubo y hay experiencias pequeñas y aisladas. Aquí la experiencias de dos iniciativas, una frustrada, la otra activa.

Gilbert: instituciones al baldío

Cuando hace poco más de un año la entonces intendente de Gilbert –departamento Gualeguaychú –, Alicia Sosa, conoció la huerta comunitaria de Santa Anita –departamento Uruguay–, se entusiasmó y empezó a estudiar cómo implementar una experiencia parecida en su localidad de 1.100 habitantes. Para julio de 2019 el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Gualeguaychú le garantizaba las herramientas, semillas y abonos; el ingeniero agrónomo Julián Parodi, de Tierra Viva Agroecológica, se comprometía a llevar adelante las capacitaciones; y la politóloga Alina Borovinsky se encargaba de seleccionar a las postulantes a huerteras.

En los considerandos, el proyecto especificaba: “Por su ubicación geográfica, Gilbert se encuentra en una de las zonas entrerrianas en las cuales el cambio de tipo de producción de las últimas décadas ha tenido enorme incidencia. Desde la migración casi total de la población del campo a la ciudad, pasando por una disminución drástica de la diversidad de la producción, estos cambios han ido en detrimento de la actividad de pequeños y medianos productores locales, en favor de las grandes empresas que representan al agronegocio. Hemos visto desaparecer tambos, arroceras y una disminución de la producción ganadera con motivo de utilizar esos suelos para la producción casi exclusiva de granos destinados a la exportación”. Y continuaba el documento: “Actualmente, las verduras, hortalizas y frutas que el mercado local ofrece son casi en su totalidad provenientes de otros lugares. Además, la oferta de productos es limitada en sus variedades, limitada en el tiempo (suelen llegar máximo dos veces a la semana), no es agroecológica (es decir, se utilizan químicos en su producción) y no es accesible para familias con escasos recursos. De manera que se dificulta acceder a una alimentación saludable y nutritiva en Gilbert, sobre todo en las familias más vulnerables”.

Con un diagnóstico tal, la propuesta fue recibida con ansias: “Durante los cursos que di en la ciudad, me llamó mucho la atención la cantidad de personas que se acercaron y se interesaron en el proyecto”, recuerda Parodi. Al final, fueron seleccionadas doce mujeres que no tenían trabajo estable ni formal, que tenían familiares a cargo y que vivían en el barrio lindante con La Casita −el amplio predio que se destinó a la huerta−: cuatro de ellas comenzarían laborando en media hectárea y recibirían una remuneración mínima a cargo del municipio, proveyendo a la alimentación familiar y pudiendo vender los excedentes; y las otras ocho obtendrían saberes e insumos para hacer huerta en sus casas. Los talleres brindados por Parodi se realizaron en setiembre. En noviembre comenzaron los trabajos de las huerteras designadas. Pero en diciembre, al asumir la presidencia municipal, Fabián Constantino, que había vencido a Sosa en abril, en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) dentro del PJ, dio de baja el proyecto despidiendo a sus beneficiarias y clausurando la iniciativa que habría aportado a la seguridad alimentaria y dignidad laboral de un pequeño pero muy necesitado sector de la localidad.

“Hoy en día la huerta no sigue en vigencia porque hubo un cambio de intendente y por internas de ellos”, indicó Parodi.  “Ojala que podamos seguir; vi muchísimas mujeres con ganas y posibilidades de seguir la huerta. Hay recursos y hay espacio como para poder producir y comercializar”, agregó. La mandataria saliente, Alicia Sosa, dio su versión a ERA Verde: “Cuando asumieron las nuevas autoridades el intendente actual reunió a las mujeres del proyecto y les dijo que la idea era que esa huerta sea trabajada por instituciones del pueblo (el hospital). Lamentablemente a las pocas semanas pasamos por el predio y dado que no mantuvieron el riego vimos toda la producción seca, con yuyos; evidentemente no era la idea trabajarlo pronto. Hasta el día de hoy sigue en esas condiciones. Y a las mujeres que estaban no les han dado ninguna alternativa o propuesta de inserción laboral”. En cuanto a Constantino, requerido en tres ocasiones, no respondió a las requisitorias por el cierre de la huerta, aunque la página web oficial del municipio subsiste la publicación –lanzada por la gestión anterior– que convoca a las mujeres del barrio a presentarse como candidatas para la nueva huerta agroecológica estatal.

“Subsidiados” de Nogoyá

La Huerta Municipal Demostrativa y Orgánica de Nogoyá “fue una idea del intendente Rafael Cavagna, en 2015, quien puso a disposición un predio ubicado en Villa 3 de Febrero”, señala Stella Maris Aquino, la coordinadora de Producción nogoyaense. “La gente que trabaja en este lugar son personas reguladas por la ordenanza 941, quienes son llamados “subsidiados”. Actualmente están trabajando tres chicas, después de haber pasado mucha gente por la misma. El producido no se vende, se lleva a Desarrollo Social, a la municipalidad para que sea entregada por el intendente, o se hace entrega directa, a los jardines, a los hogares de ancianos y a ‘Mi Casita’, un hogar de tránsito de niños. Todo lo que se cosecha siempre se regala o se deja para volver a obtener semillas”, añadió Aquino. “Nuestro principal objetivo es el cuidado del ambiente, la no utilización de químicos, por ello usamos ´cama de pollo´, que es abono natural, y aplicamos productos naturales a las plagas, que nos ayudó a producir el INTA y hoy día los realiza directamente nuestro personal”, continuó la funcionaria.

Ante la pregunta sobre cuál ha sido el principal éxito de la huerta de Nogoyá, Aquino respondió: “El mayor logro, además de tener un espacio para que la gente vea cómo se cultiva y se cosecha y poder llegar con verdura a quien más lo necesita, es el convenio que firmamos con la Escuela Schiavoni en 2019 para que sus alumnos tengan un espacio en la huerta  y aprendan a realizar un cantero, a cuidar, a sembrar, a cosechar y llevarse sus plantas para realizar lo mismo en sus casas. Fue una gran iniciativa ya que vimos el entusiasmo de los chicos, el progreso y vimos cómo lo que estudiaban en el colegio lo aplicaban en este lugar. También pudimos lograr construir un invernadero y tener dentro la conservación de árboles como el lapacho rosado y el lapacho amarillo”. Y finalizó: “Esperamos que este pequeño proyecto siga en pie por muchos años más, estamos analizando la idea de buscar otro espacio más, es decir, de expandirlo”.

Contrapunto

En diálogo con ERA Verde, Felipe Díaz del Grupo Ambiental Nogoyasero, personalmente cree que “se tienen varios prejuicios en relación a las huertas comunitarias… esa idea de que el pobre tiene que hacer huerta agroecológica porque no puede trabajar, sólo subsistir. La agroecología se usa para que coman algo, se ocupen y no vayan tan seguidos a la Muni. ´Son pobres, no tienen capital para comprar agrotóxicos y transgénicos, entonces tienen que hacer agroecología, les mandamos el INTA´: esa es la lógica del municipio de Nogoyá.  Nosotros no estamos de acuerdo. Planteamos la agroecología extensiva, el cambio de modelo, eliminando agrotóxicos y transgénicos”, afirmó.

Marcelo Mangiante

Especial para ERA Verde